Llegué a Beidaihe, un pequeño pueblo chino de costa en la provincia de Hebei, en una calurosa tarde de Julio. Nunca lo olvidaré. Recuerdo el trayecto en taxi: desde la estación de trenes al hospital de qigong médico. Fue impactante. Observaba atónita, a través del cristal, toda aquella vegetación exultante de árboles que invadía las aceras y en algunos casos inundaba la calzada. -"que pueblo tan verde"- pensé.

Solo me di cuenta y tomé conciencia de esa extraña belleza que impregna el pequeño pueblo chino al caer la noche, cuando paseaba tranquila por sus calles.

Miles de pequeñas luces se encendieron adornando cada uno de los árboles del pueblo.

Para mí era tremendo revivir una inesperada Navidad en pleno verano y en China!

¿Por qué iluminan los árboles? Me pregunté.

Los chinos desde la antigüedad rinden culto a los arboles porque son las criaturas energéticas vivientes más grandes, viven mucho más tiempo que las personas, son enormemente adaptables y soportan admirablemente las inclemencias del clima, sin perder en ningún caso una actitud firme y a la vez humilde durante todas las estaciones del año. Las cualidades que más admiran son la permanencia o perennidad y el talante: siempre verde ante cualquier adversidad.

El pueblo chino reconoce y agradece a los arboles toda su generosidad: ofrecen alimento, medicamentos, papel, madera para fabricar herramientas y construir casas, energía para calentar y cocinar... Sin olvidar que los arboles disminuyen el dióxido de carbono, aumentan el oxígeno, mantienen la humedad ambiental y embellecen el entorno, para ofrecernos un mundo mejor.

Las raíces anclan en la madre tierra y el tronco erguido se expande en copa para recoger la energía del cielo, son un eslabón entre la tierra y el cielo son el eje del mundo. Es fácil comprender un árbol, solo basta detenerse y sentir, para vivenciar todo su poder.

Los monjes taoístas de la escuela de la Perfecta Realidad que habitan en la montaña sagrada de Hua Shan, llamada la montaña flor porque sus 5 cumbres más prominentes tienen forma de pétalo, cultivan un legado ancestral: el qigong de los árboles.

Todas las cualidades del taoísmo: el vacío, la simplicidad, la espontaneidad, el fluir, se expresan en la naturaleza, especialmente en las montañas, el agua y los árboles. Para el taoísmo, el ser humano es parte integrante de la naturaleza y comparte el mismo origen. La naturaleza como el camino del Tao nutre el ser humano y permite su transformación, es madre benefactora y matriz en la cual encuentra refugio y protección. La naturaleza es el alma de transformación del hombre y tiene la función de nutrir y proteger cualidades propias de su esencia profunda. El ser humano puede encontrar en ella el secreto de la vida y la eternidad, puede nutrirse de su esencia y vitalidad, fluir y fundirse en el Todo.

En la ilustración Neijing Tu o paisaje interior una de las representaciones pictóricas Taoístas más fascinantes del cuerpo humano interior podemos apreciar una arboleda de sauces que habita a nivel del corazón que se nutre del agua que asciende del riñón. La dinámica energética del árbol es la misma que la del ser humano: asciende, desciende, se expande y se contrae.
Porque somos un microcosmos reflejo del macrocosmos. 

Todo está en nuestro interior y nosotros estamos en Todo....

Los arboles cultivan los tres tesoros: Jing, Qi y Shen. Efectivamente tienen shen, igual que el ser humano, la única diferencia es que ellos no disponen de libre albedrío, por este motivo les debemos humildad y respeto...

Qigong de los árboles

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